Quien Soy

Natalia Montañés

En diferentes ocasiones y lugares, conviví con manadas en libertad, donde experimentaba una comunión especial y pura con los caballos hasta que eran domesticados y muchos se volvían apáticos, sumisos o resabiados.

Procuré formas de relacionarme sin tener que doblegar su naturaleza salvaje y primitiva que tanto admiraba característica de aquél vínculo. Así fue que practiqué diferentes métodos de trato y manejo, doma natural e india, aprendizajes y terapias asistidas con equinos.

Ante las contradicciones e incoherencias que en mí causaban estas técnicas dejé de montar y abandoné todo manejo, puesto que me alejaban de mi búsqueda auténtica.

Los objetivos utilitarios y de servicio hacia el hombre, sea recreativo, deportivo o terapéutico, dejaron de ser el camino para intentar rescatar la esencia y dignidad equina, fundamental para la amistad verdadera. Amistad que muchas personas tenemos con los caballos que amamos, pero que casi siempre se corrompe por prácticas culturales que repetimos sin cuestionar.

Tratando de responderme si era posible perpetuar una relación donde se evitara la dominación autoritaria y utilitaria, ya que nada tenían que ver con las necesidades naturales de los caballos, dediqué el tiempo a estar junto a ellos en su día a día, compartiendo sus vidas, desde el desapego y sin expectativas.  

Mi experiencia en prácticas orientales, nativas amerindias y en filosofías como la ayurveda y la medicina china facilitaron la contemplación y meditación. Fue entrar a un vacío y fuente original donde la sincronía y la coherencia se volvían cada vez más conscientes.

En ese punto, conceptos y técnicas utilizadas anteriormente fueron perdiendo su sentido ya que otra perspectiva de la realidad se abría ante mí, una que me interpelaba y conducía a otros objetivos más sinceros para mí, el bienestar holístico equino en su medio natural.

Las interpretaciones antropomórficas acerca de la vida de los caballos que sólo justificaban acciones humanas de control y sometimiento como el liderazgo, la jerarquía, dominancia o sumisión, dejaban de ser el prisma por el cual observaba.

Fue un desaprendizaje tanto para ellos como para mí.

Apareció entonces un camino desconocido, sin referentes.

Vislumbré una relación mucho más rica y apasionante con los caballos no domados, y con aquellos que habían sido domados fuimos sanando memorias traumáticas.

Fui profundizando mi experiencia a través del estudio en diferentes disciplinas equinas y junto a antiguos y nuevos maestros para contrastar y seguir afianzando mi trabajo.

Reforzando este nuevo vínculo mediante pautas, principios éticos, prácticas respetuosas y, sobre todo, la aplicación de un modelo cognitivo y el descubrimiento de ontologías diferentes a las del antropocentrismo.

Surge así el concepto propio y original de “Vínculo Esencial con Caballos” que actualmente practico y continúo profundizando, para transmitir una forma más respetuosa y digna de relacionarse con estos animales con gran capacidad de sentir y expresar su inteligencia tan poco conocida por nosotros aún.

En este proceso surge la necesidad de revisar y cuestionar aspectos de nosotros mismos más en profundidad. 



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